martes 16 de diciembre de 2008

MEGAPOST: Fontaneros queridos (2ª parte) / España debería abandonar la UE / Estoy En Terapia

En el episodio anterior de Fontaneros queridos:

Ángel aprendió la moraleja: un fontanero solo es fiable a la hora de cobrar. A partir de ahora tendría que aprovecharse de la bondad infinita de sus vecinos para asearse sin tener que recorrer 30 km.

Hoy en Fontaneros queridos:

Después de 80 días de espera el fontanero llegó a casa de Ángel. Acompañado. Con todo lo necesario para poner un fregadero, un termo-calentador y las conexiones de la lavadora.

Se fue a los quince minutos. Sí, sin hacer otra cosa que mirar -el termo lo colocó otro profesional independiente. Una semana y media, tres llamadas y dos visitas in person después, apareció nuevamente.

"Hoy se queda todo terminado", dijo nada más franquear el umbral de mi puerta. A los dos minutos suena el teléfono móvil. "Me tengo que ir, que me he olvidado los grifos en la fontanería". Y sí. Se fue. Y sí. No regresó.

Tres días después (un martes) sí. Regresó. Sin hacer mucho ruido y lo terminó todo en CINCO MINUTOS. ¿Por qué nos hizo esperar tanto? Juassssss...

Sale agua caliente del termo. La ducha funciona. Se pueden lavar los platos sin hacer malabares y con agua caliente... ¿va todo realmente bien? ¡Por supuesto que no! La avería en la cisterna ahí sigue.

Continuará...

Imagen de Wikimedia Commons.

España debería abandonar la Unión Europea. INMEDIATAMENTE.

Aunque se puede esperar un par de años. Una nueva directiva comunitaria, de estas que nos gustan tanto, ha estado a punto de echar a perder las ilusiones de millones y millones de españoles, franceses o portugueses (sobre todo españoles, ¡copón!) que llevan más de 300 días esperando poder disfrutar del que es, sin lugar a dudas, el mejor postre del mundo.

Cualquier ser humano podría vivir solo de roscón. Y lo que es más duro y no menos cierto... cualquier ser humano podría dejar de vivir sin el aporte anual de roscón de reyes. No atenten contra las ilusiones de tanta gente...

Estoy En Terapia.

Por supuesto, os podéis asustar tranquilamente: se trata de una nueva serie de televisión que ahora mismo emite la FOX de aquí (en EE.UU. la emite HBO). No ha sido por los dos premios y cuatro nominaciones que consiguió en los pasados Emmy, ni por los cinco Globos de Oro a los que opta... Melissa George (la mala malísima Lauren de la tercera temporada de Alias) tiene la culpa.

En su día me tragué auténticos horrores como Turistas solo porque salía Melissa George. Me enteré hace un par de meses que era una cara nueva en Anatomía de Grey pero no pienso engancharme ya a estas alturas (si en su época no me llegó a convencer).

Afortunadamente he descubierto un nuevo hito en la carrera de Melissa George que me ha dejado considerablemente impactado. Te haces con la primera entrega de En Terapia y lo primero que ves es a Melissa George llorando. Piensas "aquí pasa algo" y sí, sí que pasa. Estamos en la consulta de un psicólogo que recibe cada día a un cliente -¿o debería decir paciente? Le preguntaré a mi amiga Iris...- que busca terapia.

Otra de las cosas que tiene En Terapia es que rompe drásticamente con la idea estándar de serie de televisión. No es una entrega a la semana, no. La serie está diseñada para emitir cada capítulo en un día específico. Cada paciente aparece en su día de la semana y solo en su día de la semana. Por supuesto verás a Melissa George, que interpreta a una anestesista con serios problemas de pareja y de identidad propia- los lunes. Blair Underwood (Deep Impact), un piloto de guerra que busca terapia después de bombardear (se supone que por error) una escuela, los martes. La joven Mia Wasikowska (será Alicia en el País de las Maravillas en la futura producción de Tim Burton) los miércoles, que interpreta a una gimnasta suicida con un futuro olímpico. Los jueves son de la pareja que forman Embeth Davidtz (La Lista de Schindler, Fallen) y Josh Charles (El Club de los Poetas Muertos), con graves problemas de convivencia y sin saber qué hacer con un niño que viene de camino.

Con este percal -y con lo que tiene en casa el hombre también- no nos extraña que los viernes tenga que ir a visitar a una antigua compañera de profesión (interpretada por la genialísima Dianne Wiest... no hace falta presentarla), que accede a ayudarle a superar sus problemas.

Es una serie simple en su concepción: un único decorado, dos personajes que "solo hablan"... Pero me parece desgarradora y triste en algunos momentos. No es, en definitiva, una serie para divertirse, da pie a pensar, pero las interpretaciones son estupendas y creo que pese a todo se disfruta una barbaridad.

3 comentarios:

Juanlu dijo...

Bueeno, pues me siento obligado a darle una oportunidad a esa serie, ya te contaré.

Albert dijo...

Ya era hora, la actualización más esperada y es que el recibir al fontanero a casa es una experiencia tan o más fascinante que subir a un helicóptero o estar en medio de un ataque terrorista a un hotel en India.

Todo esto me lleva a pensar que mi tío el holandés se lo hace todo él, se pone el parquet, monta los muebles, el alicatado del cuarto de baño, la conexión del gas en la cocina. Para que luego digan que sólo puede hacerlo el de Bricomanía.

Y eso es lo que deberías aprender don Ángel, a ser un McGiver de la vida... aunque si no quieres hacer 30 km para lavarte la cara (:crazy:) siempre puedes calentar un cazo de agua.

Ángel M. dijo...

Si no viene el fontanero y te pone el calentador y la instalación del gas... mal vamos :P